Caldera de Taburiente: el cráter en el corazón de la isla
Caminar por la Caldera de Taburiente significa moverse por uno de los parques nacionales más antiguos de España, un vasto cráter de erosión formado no por una explosión, sino por millones de años de agua y movimiento tectónico. El cráter está rodeado por empinadas paredes, densamente cubiertas en su interior con pino canario, y atravesado por un curso de agua permanente, el Río de Taburiente.
La ruta clásica atraviesa el Barranco de las Angustias, la estrecha garganta en la entrada de la Caldera, accesible desde el fondo del valle cerca de Los Llanos. Alternativamente, puedes entrar desde la cresta a través del centro de visitantes de La Cumbrecita, con su corto paseo hasta los miradores. El Pico Bejenado, en el borde sur del cráter, es perfecto para un día de cumbre gratificante. La colorida Cascada de Colores dentro de la Caldera es un punto destacado, y en días calurosos es ideal para un chapuzón. Ideal para: cualquiera que prefiera la atmósfera de un parque nacional, bosque de pinos y dramáticas paredes de cráter en lugar de una cresta volcánica abierta.
Roque de los Muchachos y la cresta sobre las nubes
El borde del cráter de la Caldera, a unos 2,400 metros, es uno de los miradores más impresionantes de todas las Islas Canarias. Desde el Roque de los Muchachos miras hacia el cráter por un lado, y a través de un mar de nubes hacia las islas vecinas de Tenerife, La Gomera y El Hierro por el otro. Aquí se sitúan observatorios internacionales porque el cielo sobre el Roque es uno de los más claros del mundo.
La cresta está expuesta al viento y al frío, a menudo elevándose por encima de las nubes de los alisios y, por tanto, soleada incluso cuando las laderas del norte están húmedas. Las condiciones pueden cambiar rápidamente. El paseo por el borde del cráter requiere seguridad en algunos tramos expuestos, aunque no se necesita escalada técnica. Ideal para: cualquiera que quiera ver el mar de nubes desde arriba y no le importe un poco de viento.
Cumbre Vieja y la Ruta de los Volcanes
El sur de La Palma es puro paisaje volcánico. La Ruta de los Volcanes recorre la cresta de la Cumbre Vieja, pasando por conos de ceniza, coladas de lava enfriadas y bosques de pinos abiertos, con vistas a ambas costas a la vez. Esta es la ruta de senderismo volcánica de La Palma en su forma más pura.
En 2021, el volcán Tajogaite entró en erupción aquí, cambiando permanentemente el suroeste de la isla: nuevos campos de lava que llegan al mar, rutas de senderos alteradas. Los caminos en la proximidad inmediata de la erupción fueron cerrados y se están reabriendo gradualmente, dependiendo de las condiciones de seguridad. No hace falta exagerar: la mayor parte de la Ruta de los Volcanes y la Cumbre Vieja sigue siendo transitable. Consulta qué está abierto actualmente con las autoridades de la isla o en la página del viaje antes de ir. Ideal para: senderistas en forma que busquen paisaje abierto, vistas de largo alcance y geología volcánica.
El verde noreste: Los Tilos y Marcos y Cordero
El noreste es el lado de los alisios de la isla: húmedo, fresco, verde. Los Tilos es un área de biosfera de la UNESCO con uno de los últimos bosques de laurisilva vírgenes de Europa, entrelazado con helechos, musgo espeso y antiguos canales de riego. El Cubo de la Galga en Puntallana es otra joya de laurisilva, que una vez se utilizó como locación para producciones internacionales.
Marcos y Cordero es un mundo completamente diferente: caminas dentro de los túneles del antiguo sistema de abastecimiento de agua, linterna y chubasquero son esenciales, y un taxi todoterreno te lleva al punto de partida. Este es el lado de La Palma que la mayoría de las guías olvidan. El contraste con el sur no podría ser mayor: no hay lava, no hay polvo, sino oscuridad, agua y bosque antiguo. Ideal para: cualquiera que prefiera la botánica, la tranquilidad y un toque de aventura subterránea a una cresta volcánica.
Costa, barrancos y pueblos pesqueros
La Palma no tiene las clásicas bahías para bañarse, pero sí tiene una costa que es fácil de explorar a pie. Los caminos costeros corren entre terrazas de plátanos y pequeños pueblos pesqueros, a menudo a lo largo de antiguas rutas comerciales. Fuencaliente en el sur es el mejor ejemplo: un faro, salinas con flamencos durante la temporada de migración, el volcán Teneguía, que se puede subir en un corto circuito, y, para terminar, una piscina de lava negra para un baño en el mar. Los barrancos, las profundas gargantas que cruzan cada región, ofrecen caminatas cortas e intensas hacia profundidades sorprendentes. Caminar y nadar en La Palma es totalmente posible, pero no esperes el Caribe: arena oscura, piscinas de agua salada y el Atlántico es lo que se ofrece, y eso es bastante.