A primera vista, los Pirineos no llaman la atención. No hay perfiles de agujas afiladas como en los Alpes, ni teleféricos interminables cortando las laderas. En su lugar, la cordillera se extiende con calma entre el Atlántico y el Mediterráneo, ancha y compacta, como si hubiera estado ahí desde siempre. De alguna manera, así es.
Los Pirineos son una de las cordilleras más antiguas de Europa, y esa antigüedad explica mucho de lo que los excursionistas sienten aquí hoy: los senderos tranquilos, las largas crestas, la sensación de aislamiento y la profunda conexión entre el paisaje y la historia. Es precisamente este carácter atemporal lo que hace que hacer senderismo en los Pirineos sea una experiencia tan única en comparación con otras cordilleras europeas.